La alegría como motor para la acción colectiva

Por Juan S. Larrosa-Fuentes, 29 de junio de 2026

Hace apenas unos días concluyó el partido entre España y Uruguay y, con ello, cerró la participación de la ciudad como sede mundialista. Ese partido fue el final de unas semanas intensas que incluyeron otros encuentros, entre ellos uno de la selección mexicana, y dos conciertos multitudinarios en la glorieta de La Minerva, donde Maná y Alejandro Fernández congregaron a cientos de miles de espectadores. Fue notorio que, durante este periodo, algo pasó: la alegría empezó a contagiarse entre las personas que habitamos la ciudad.

En estas colaboraciones radiofónicas abordé el tema del Mundial en sendas columnas críticas. En una de ellas hablaba sobre el impacto mediático que tuvo la detención de un narcotraficante y los terribles hechos violentos del 22 de febrero. En otra hablaba de los sentimientos negativos que me generaba vivir en una ciudad que estaba por recibir el torneo futbolero en medio de graves problemas de seguridad, urbanos y socioambientales. Mis críticas no las borro, tampoco las matizo. Sin embargo, aunque los problemas que señalé siguen ahí, al final del día la organización fue buena y los partidos y las celebraciones se desarrollaron en paz.

No obstante, el Mundial en Guadalajara reveló otras cosas. Lo veo en personas cercanas, también en mí. También lo observo en personas desconocidas, pero que vi en las calles, en los medios y en las plataformas. La ciudad gritó los goles de la selección como hace mucho no lo hacía y llenó La Minerva, primero con 170 mil personas para ver a Maná y después con 270 mil para ver a Alejandro Fernández: casi medio millón de asistentes. Además, los Fan Fest estuvieron a tope.

La ciudad explotó. ¿Y cómo no lo iba a hacer? Me recuerda a las primeras fiestas a las que fuimos luego de los años de confinamiento por la pandemia. Al igual que entonces, hubo gritos y euforia. ¿Cómo no lo iba a ser después de haber vivido un evento tan traumático como el #22F apenas unas semanas atrás? ¿Cómo no lo iba a ser en una ciudad, en un estado, en el que sus personas son, somos, desaparecidas? Fue una válvula de escape, y eso quedó de manifiesto durante estas semanas.

Sin embargo, el Mundial y los conciertos están lejos de ser una terapia colectiva profunda y duradera. Así como las fiestas pospandémicas nos llevaron a bailar y a reír, tiempo después muchas personas entraron en una profunda depresión. La vida de la ciudad ha estado tomada por tensiones violentas desde hace años, y eso no se va a borrar de un día para otro. Estos días deben llevarnos a recordar que la vida pública y comunal es importante y que ahí hay mucho trabajo por hacer.

La alegría estuvo en Guadalajara unos días, unas horas. La alegría que lleva a la acción colectiva, a salir a la vida pública y convivir con los demás. De ahí puede salir algo más para toda la ciudad.

Este texto fue leído originalmente en el Informativo NTR Radio, transmitido el 29 de junio de 2026 y conducido por la periodista Sonia Serrano.

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