¿Qué se siente vivir en una ciudad mundialista?

Por Juan S. Larrosa-Fuentes (20 de abril de 2026)

Hace unos días estuve en una reunión en la que había algunas personas extranjeras y, antes de comenzar, en ese momento en el que todo el mundo se saluda y habla de cosas cotidianas, una de ellas me preguntó qué sentía yo de vivir en una ciudad mundialista.

Mientras iniciaba la sesión de trabajo, le respondí que la sensación era más bien de emociones encontradas y, en general, negativas: enojo, frustración y tristeza. Como lo he señalado en columnas anteriores, me molesta vivir en una ciudad que, después de años de saber que albergaría una justa deportiva como esta, se encuentra, una vez más, al cuarto para la hora, concluyendo obras con prisas y, en muchos casos, con trabajos mal hechos.

Sobre todo, se vuelve a perder la oportunidad de que la inversión en infraestructura urbana tenga un impacto más amplio que el de permitir que quienes visiten la ciudad puedan trasladarse, más o menos eficientemente, entre el aeropuerto y el estadio Akron, y recorrer algunas avenidas y espacios culturales centrales. Ya ocurrió con los Juegos Panamericanos, con la cumbre de líderes mundiales y con otros eventos: vuelve a ser una oportunidad desperdiciada.

También resulta frustrante que Guadalajara tenga una participación tan limitada, con apenas unos cuantos partidos, en un país profundamente futbolero. En realidad, este es un Mundial que se jugará mayoritariamente en Estados Unidos, y la presencia de México y Canadá parece más un complemento que una verdadera coorganización.

A esto se suma otro elemento: la creciente mercantilización del deporte. La mayoría de los habitantes de Guadalajara no podrá asistir a los partidos. Hasta ahora, yo no conozco a nadie que tenga boletos. Los precios son desorbitantes y están diseñados para una élite global. Los sistemas dinámicos de precios llevan esta lógica al extremo: si alguien puede pagar más, el precio sube. Así, el deporte se aleja de su dimensión social y cultural, de ese espacio en el que las personas conviven, se reconocen y comparten.

Y quizá lo más importante es esto: el Mundial se celebrará en una ciudad atravesada por múltiples crisis socioambientales, pero particularmente por una crisis de desaparición de personas y una crisis forense. Hay cuerpos sin identificar en las morgues y familias que siguen buscando a sus desaparecidos. Es una contradicción que se invierta tanto en la seguridad de personas que pasarán dos o tres días para estar en el Mundial y que haya un desdén e indiferencia ante los problemas de seguridad locales.

Aunque era niño, aún recuerdo el Mundial de 1986 y la alegría de que los partidos se jugaran en el Estadio Jalisco. No sé cuál será nuestro recuerdo colectivo del Mundial de 2026, pero ojalá no sea uno que nos lleve a repetir esta forma de organizarnos y de recibir a quienes visitan nuestra ciudad.

Mi interlocutora abrió los ojos como plato, pues no estaba al tanto de todas estas situaciones. Después, como todo en estos tiempos, concluimos la conversación y seguimos con nuestra vida.

 

Este texto fue leído originalmente en el Informativo NTR Radio, transmitido el 20 de abril de 2026 y conducido por la periodista Sonia Serrano.

Post navigation