Por Juan Larrosa, 15 de junio de 2026
En política, las imágenes siempre han sido fundamentales para analizar las relaciones de poder y comprender una coyuntura histórica. El Mundial de futbol nos ofrece un caso particularmente elocuente: la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de no asistir a la ceremonia inaugural.
Por una parte, hay un análisis de la no imagen, es decir, de la ausencia de la presidenta en el estadio. Esa ausencia habla de un momento histórico muy particular. En otro contexto, cuando las relaciones internacionales y la geopolítica no atravesaban momentos tan convulsos como los actuales, habría sido perfectamente posible, e incluso deseable, que los presidentes de los tres países organizadores del Mundial, Canadá, Estados Unidos y México, asistieran juntos a la inauguración.
Hace apenas tres décadas, cuando se consolidaba la arquitectura neoliberal sustentada en los tratados de libre comercio, una fotografía de los tres mandatarios saludándose en un palco habría tenido un enorme valor simbólico. Habría representado integración regional, cooperación económica y una visión compartida del futuro. “Los tres amigous” les decían.
Hoy la situación es distinta. Los tres países atraviesan tensiones importantes. Se negocia intensamente la continuidad de acuerdos comerciales y el presidente Donald Trump ha mantenido una política de confrontación constante hacia Canadá y México. En ese contexto, la ausencia de Sheinbaum y sus homólogos comunica la distancia política existente entre los gobiernos.
Pero la no fotografía admite otra lectura. Desde una perspectiva más crítica hacia el gobierno, también puede interpretarse como una forma de evitar una situación políticamente riesgosa. La memoria colectiva mexicana conserva el recuerdo de Miguel de la Madrid siendo abucheado durante la inauguración del Mundial de 1986. Y en el contexto actual, marcado por incertidumbres económicas, problemas de seguridad y diversas tensiones sociales, era esperable una reacción similar.

Frente a la no imagen del estadio apareció otra imagen. La presidenta acudió a uno de los Fan Fest organizados en la Ciudad de México y realizó una ronda de medios en la que dejó clara su posición. Señaló que no necesitaba codearse con las élites políticas y criticó el elevado costo de los boletos, argumentando que el Mundial se había convertido en un evento inaccesible para buena parte de la población.
La imagen estaba dirigida a otro público. No buscaba comunicar cercanía con líderes internacionales: su intención era reforzar un vínculo con las bases sociales y políticas de la Cuarta Transformación. En ella aparecía una presidenta cercana a la gente y distante de las élites políticas y económicas.
Una imagen y una no imagen. Una presencia y una ausencia. Ambas comunican. Ambas permiten observar las tensiones de nuestro tiempo. Y ambas nos recuerdan que, en política, incluso aquello que no ocurre puede convertirse en un mensaje poderoso.
Este texto fue leído originalmente en el Informativo NTR Radio, transmitido el 15 de junio de 2026 y conducido por la periodista Sonia Serrano.