Por Juan Larrosa, 21 de septiembre de 2026
En la conferencia mañanera del día de hoy se anunció que la Secretaría de Educación Pública y el Consejo Nacional de Autoridades Educativas (CONAEDU) alcanzaron un acuerdo para restringir el uso de teléfonos celulares o inteligentes en los salones de clases de primaria y secundaria. Esta restricción incluye el tiempo en el que los alumnos están en el aula y también los recreos o recesos. Esta medida, que entrará en vigor este año, aún está por ser publicada en el Diario Oficial de la Federación y, hasta entonces, conoceremos sus características específicas.
De entrada, me parece que es una buena decisión por parte del Gobierno Federal. Tal como lo he escrito en colaboraciones anteriores, observo que hay suficiente evidencia para dar cuenta de que el uso de las pantallas en los salones de clases genera una gran distracción. Estas tecnologías están programadas para capturar la atención de sus usuarios. Esto hace muy complicado que los estudiantes puedan estar presentes en lo que se trabaja en un salón de clases y los aleja de la convivencia social y colectiva durante los recreos, pues muchos estudiantes prefieren sus pantallas a jugar con sus pares.
Los perjuicios de las pantallas han aumentado en años recientes con la emergencia de la inteligencia artificial. Esta tecnología hace que sea muy sencillo pedir a un agente que haga una operación matemática, que lea un texto, que resuma un contenido o que redacte un ensayo. Aunque falta trabajo de investigación por realizar, hay claros indicios en la reciente prueba PISA de que los estudiantes en buena parte del mundo, no solo en México, están desarrollando menos habilidades matemáticas, analíticas y de pensamiento crítico. Este decrecimiento coincide con el auge de la inteligencia artificial. Habrá que seguir revisando esta causalidad.
Entonces, bien por la decisión del Gobierno Federal. Sin embargo, a reserva de conocer el texto completo en el Diario Oficial de la Federación, me parece que la medida se queda corta. Esta medida, que es un primer paso, tendría que venir acompañada de una gran política pública en materia tecnológica y educativa; de lo contrario, estaremos trasladando a la tecnología la responsabilidad de los males educativos de nuestro país.
En el plano tecnológico habría que pensar en la posibilidad de ofrecer un acceso universal público a las tecnologías epistémicas y comunicativas que se desarrollan a través de pantallas. Prohibir el celular en las aulas no significa una prohibición de tajo de la vida pública. El gobierno debe asegurar que los mexicanos podamos tener internet de alta calidad y dispositivos suficientes para estar conectados con la vida contemporánea, sin estar a merced de empresas privadas, como en su tiempo ocurrió con la radiodifusión y las telecomunicaciones.
Con esa infraestructura de acceso universal, entonces habría que construir una política de alfabetización sobre nuestro entorno comunicativo. A través de diversas estrategias en el aula tendría que enseñarse cómo utilizar los teléfonos celulares, pero, en general, cómo vivir en el complejo entorno comunicacional y tecnológico contemporáneo. Los estudiantes, tarde o temprano, usarán los teléfonos y otras tecnologías que seguirán desarrollándose. Por ello, quedarse únicamente con la prohibición no es suficiente.
Ahora que el tema está en la conversación pública, toca a los ciudadanos entrar en contacto con nuestros legisladores para pedir que este primer paso se convierta en una política de Estado que ofrezca un mejor sistema educativo a las infancias mexicanas.
Este texto fue leído originalmente en el Informativo NTR Radio, transmitido el 21 de septiembre de 2026 y conducido por la periodista Sonia Serrano