¿A quién informa el informe?

Por Juan Larrosa, 7 de septiembre de 2026

La semana pasada fueron días en los que la presidenta se dedicó a presentar su segundo informe de gobierno. ¿Cómo podemos entender, desde una perspectiva comunicativa, este informe? El informe, aunque suene obvio, busca dar cuenta del estado del país luego de un año de trabajo: qué se hizo, qué está en proceso, qué se dejó de hacer, cuáles son los retos. Como sabemos, los gobiernos, no exclusivamente el mexicano, buscan enfocarse en aquello positivo y es raro observar que haya algún asomo de autocrítica. Por eso, el informe es una práctica que acaso sirve para observar cuáles son los énfasis del gobierno y en qué está avanzando o, al menos, en qué cree que está avanzando.

Por ello, y de forma contraria, también es significativo identificar aquello que no se menciona, pero que es de importancia pública. Con ello se puede calibrar qué es lo que va mal. Sheinbaum no mencionó a las personas desaparecidas y a los colectivos que se dedican a buscarlas; tampoco habló de la extorsión y la impunidad; no se detuvo a mencionar cuáles son las condiciones de la migración en el país, especialmente en la frontera sur; evadió hablar de la violencia en contra de periodistas y medios de comunicación, en un año en el que los asesinatos de comunicadores no han parado. Apenas mencionó el TMEC y la complicada relación con Donald Trump. La lista es elocuente.

En otro nivel, también podemos hacer la pregunta de a quién va dirigido el informe. En 2007 fue la última vez que un presidente acudió al Congreso de la Unión para presentar su informe. En aquella ocasión, Felipe Calderón no logró concluir la tarea debido a que la oposición, mucha de la cual ahora está en el gobierno, dificultó que se llevara a cabo este acto político. Después, en 2008, se reformó la Constitución para eliminar la obligación presidencial de acudir personalmente al Congreso, pero se mantuvo la obligación de presentar el informe por escrito. Esta claudicación habla de la polarización que se vive en el país y de lo complicado que se ha vuelto un proceso de rendición de cuentas.

Entonces, regresando a la pregunta, el informe ya no es parte de un acto republicano e institucional y es, en todo caso, un informe que le hace la vida fácil a la presidencia y a la oposición. Para la presidencia es sencillo porque, como ahora, sus interlocutores son sus aliados: el gabinete federal, el nuevo Poder Judicial, los dos presidentes de las cámaras, que son de partidos afines al gobierno, los gobernadores de mayoría oficialista y empresarios, sindicalistas, intelectuales y artistas que también simpatizan con la presidenta. Es un aplauso fácil. Sin embargo, también es sencillo para la oposición porque, en primer lugar, retoman el acto para hablar del autoritarismo y la cerrazón del gobierno cuando, como vemos, es una práctica que viene de tiempo atrás. Pero, más aún, es sencillo porque les permite evadir hacer una evaluación seria, crítica y republicana del trabajo del gobierno y alejarse de los gritos y estridencias que llevaron a cancelar este rito político en México.

Como práctica comunicativa, entonces, el informe presidencial se ha vuelto, sí, selectivo, cerrado, sin interlocución, más cercano a un acto de propaganda que a uno de rendición de cuentas. No será esta camada de políticos la que recupere el acto republicano.

Este texto fue leído originalmente en el Informativo NTR Radio, transmitido el 7 de septiembre de 2026 y conducido por la periodista Sonia Serrano.

Post navigation