Atención, pantallas y educación

Por Juan Larrosa, 24 de agosto de 2024

Hace quince días escribía sobre lo anacrónico que me parece el debate nacional en torno a los derechos de las audiencias y sobre cómo, además, esta discusión muestra un momento de alta polarización política que impide pensar con claridad cuáles son los problemas públicos que buscamos resolver con el desarrollo de nuevas leyes, reglas y prohibiciones. Hoy traigo a colación un caso similar y me refiero a la iniciativa de prohibir el uso de los celulares en los salones de clases.

Luego de tener más de dos décadas dando clases, puedo decir que el problema que se busca atajar es real y grave. Comienzo por una historia. En un semestre reciente me tocó impartir clases los miércoles del semestre de primavera, en un horario de una a tres de la tarde. El grupo era pequeño, compuesto por doce estudiantes. En algún momento del semestre me percaté de que había algunas sesiones en donde dos o tres personas se quedaban catatónicas frente a sus pantallas, algunos en su teléfono móvil, otros en sus laptops, y de pronto hacían muecas rarísimas. Fue fácil atar cabos y darme cuenta de que estaban viendo las finales del futbol europeo de la Champions. Como esta historia, puedo relatar otras más.

Como en muchos otros casos, el problema no es una tecnología o un objeto en sí mismo, sino lo que los seres humanos hacemos con él, el uso que le damos. Es decir, apuntar al celular como problema es reducir la complejidad del caso. Una vía de entrada para complejizar la discusión es que estamos ante un problema de atención. A través de las pantallas en general, y no solo de los teléfonos móviles, distintas compañías, como las grandes tecnológicas —Alphabet, Meta, Amazon—, están en una lucha constante por mantener nuestra atención en la pantalla. En TikTok han perfeccionado la forma de enganchar a los usuarios y enviarlos a un tobogán infinito de videos; WhatsApp y Outlook mantienen nuestra atención permanente en temas de trabajo, y X es el campo para los adictos a la información política.

Competir con estos contenidos en el salón de clases se ha vuelto una tarea titánica. El estudiantado constantemente está revisando sus teléfonos y, aunque sus computadoras les sirven para tomar notas, también les sirven para estar chateando y mirar la Champions. Entonces, ciertamente, una primera medida acertada es buscar mecanismos para que las pantallas se queden afuera del salón de clases y que solo entren para actividades que, pedagógicamente, así lo demanden. Ya hay investigaciones académicas que muestran los beneficios de esta medida y que dan cuenta de cómo los estudiantes pueden poner más atención y cómo, por ejemplo, en los recreos tienden a socializar más cuando no están pegados a una pantalla jugando videojuegos.

Sin embargo, la prohibición apenas es un primer paso para resolver el complejo problema. Jonathan Haidt, un académico y activista en torno a estos temas, ha mostrado que, aun cuando los teléfonos se quedan afuera de las aulas, medida con la cual él está de acuerdo, las personas, los estudiantes, siguen pensando en sus celulares. Su atención está puesta en qué es lo que harán cuando vuelvan a tener el aparato entre sus manos; comienzan a experimentar FOMO, expresión en inglés que significa fear of missing out, por no estar en la conversación con sus familias o viendo el último clip de “farmeando el aura”. Esto lleva a pensar que el problema de la atención que tenemos no se reduce al dilema de dejar o no dejar que las pantallas ingresen al salón de clases.

Y aquí conecto con el texto de las audiencias de la semana pasada. Mi alumno que veía la Champions es una audiencia, un consumidor, un ciudadano, un estudiante. ¿Qué otros debates tendríamos que estar teniendo tanto en los derechos de las audiencias como en el uso del celular en el aula? ¿Cómo intervenir, desde una perspectiva de Estado, en la formación de los mexicanos y mexicanas más jóvenes? ¿Qué políticas se tendrían que estar impulsando para formar a jóvenes sanos, atentos, pero al mismo tiempo disfrutando de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial?

Como se puede ver, estamos lejos de llegar a un debate que trascienda las dicotomías polarizantes que actualmente vemos en la discusión pública mexicana. Sin una discusión mucho más robusta, los resultados de nuestras legislaciones serán mediocres.

Este texto fue leído originalmente en el Informativo NTR Radio, transmitido el 24 de agosto de 2026 y conducido por la periodista Sonia Serrano.

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