El Rubicón de Sheinbaum

Por Juan Larrosa (1 de junio de 2026)

El Rubicón es un río italiano y del que emana una historia milenaria: en la antigua Roma, Julio César, general del ejército, se decidió por desobedecer las leyes del Senado que impedían el cruce de un ejército por ese río. El general avanzó. Ante sí, solo tenía dos opciones: ganar la batalla o perderla, a riesgo de ser juzgado y ejecutado. Él lo sabía. Desde entonces, en la cultura política popular se usa esta historia para señalar cuando un político toma una decisión trascendental de la que, muy probablemente, ya no hay vuelta atrás. Con su discurso de ayer domingo, en el que aparentemente celebró dos años de su presidencia, Claudia Sheinbaum cruzó su Rubicón.

Cuando ganó las elecciones, Sheinbaum amasó una gran cantidad de poder político: ni López Obrador llegó a la presidencia con tal cantidad de votos. Luego de la batalla electoral hubo una larga transición entre un gobierno y otro, y parecía que Sheinbaum tendría un primer año cómodo para armar su gobierno y entrar en funciones. Sin embargo, en noviembre de 2024 Trump volvió a ganar la presidencia estadounidense: en enero entró en funciones y la comodidad política concluyó.

El primer año fue una pesadilla, no solo para México, sino para el mundo entero, en torno a los aranceles. El presidente estadounidense, con un plan poco sofisticado, decidió modificar buena parte del comercio mundial mediante la imposición de aranceles discrecionales. En el caso mexicano eso significó repensar cualitativamente el tratado de libre comercio, ese con el que Salinas de Gortari, treinta años atrás, nos había prometido que transformaría, mágicamente, a nuestro país, en uno de “primer mundo”. Si bien las cortes estadounidenses han revertido parte de las decisiones arancelarias de Trump, el orden mundial, cambió.

La embestida para el gobierno mexicano y para el país fue brutal: en apenas unos meses se sacudieron las estructuras económicas que habían mantenido en funcionamiento buena parte del sistema económico. Las reglas del juego cambiaron mientras el juego mismo seguía en operación.

Ante este vendaval, la estrategia de Sheinbaum fue cabeza fría. No se enganchó con Trump ni con las declaraciones de su gobierno. Buscó negociar por canales diplomáticos. Se tragó varios sapos y aguantó humillaciones políticas. La prensa internacional la volteó a ver porque, a pesar de todo, la presidenta obtuvo mejores acuerdos para el país que los varapalos que recibieron otros. El tratado sigue renegociándose y, al parecer, su cara final estará lejos de lo firmado en 1994.

Pero ahí no paró el tema, en enero de este año, el gobierno estadounidense entró ilegalmente a Venezuela y extrajo a su presidente, Nicolás Maduro, un dictador con lazos con el narcotráfico. Después vinieron los ataques a lanchas que transportaban droga por los océanos Pacífico y Atlántico. Trump y su gobierno publicaron una nueva política de seguridad para la región y señalaron que su nuevo objetivo sería limpiar a su patio trasero, del mundo del narcotráfico. Sheinbaum respondió, otra vez, con cabeza fría y cediendo en ciertas ofrendas, como los envíos ilegales de narcotraficantes a Estados Unidos, sin juicio de extradición de por medio.

Hasta que llegó abril, cuando el gobierno estadounidense soltó, hasta ahora, su golpe más fuerte y acusó a una decena de funcionarios sinaloenses, incluidos el gobernador, de estar coludidos con bandas criminales y de narcotráfico. Ante la acusación, se esperaba, otra vez, una cabeza fría y una sumisión por parte del gobierno ante la asimetría de poder entre los dos países.

Pero la historia fue otra: se modificaron la Constitución y las leyes electorales para impedir la injerencia extranjera. Ayer, lejos de su tono matizado, Sheinbaum apretó quijada y puños y se lanzó en ristre, aun sin nombrarlo, en contra de Estados Unidos.

La situación no es sencilla. Por un lado, es clara la intención de intervención política de Estados Unidos en México. Por otro lado, los políticos sinaloenses de MORENA y otros más, son indefendibles.

Ayer, en el Monumento a la Revolución, la presidenta cruzó su Rubicón. Veremos si Sheinbaum, en el cruce de su río, logra una genialidad política o, si, estamos ante las puertas de una historia no vista en las relaciones modernas entre México y Estados Unidos.

Este texto fue leído originalmente en el Informativo NTR Radio, transmitido el 1 de junio de 2026 y conducido por la periodista Sonia Serrano.

 

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