Por Juan S. Larrosa-Fuentes, 18 de agosto de 2025
En mi trabajo como investigador, uno de los temas que más me interesa es comprender cómo se estructuran nuestras prácticas sociales. Y para ello, una clave central es el análisis de los valores. Los valores son las ideas que orientan nuestras decisiones sobre lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Esos valores dirigen nuestras acciones y, al repetirse, se convierten en prácticas. Y cuando un conjunto de prácticas se sostiene en el tiempo, se convierten en sistemas sociales.
Desde esta perspectiva, una manera eficaz de transformar nuestra realidad social es modificar los valores que la sustentan. Eso implica preguntarnos no solo qué hacemos, sino por qué lo hacemos.
En días recientes hemos visto, una vez más, el debate sobre las vialidades en nuestra ciudad. Por enésima ocasión se intenta “arreglar” la salida hacia el aeropuerto, la misma que fue intervenida cuando vinieron mandatarios como Barack Obama, cuando se celebraron los Juegos Panamericanos o cuando hubo cumbres internacionales. También ha vuelto a circular la propuesta de construir un segundo piso, como aquella “Vía Express” que hace unos quince años promovió Emilio González, una autopista privada elevada que iba a recorrer avenida Inglaterra. (En este texto académico explico este tema con profundidad.)
Años después, estamos de nuevo ante las mismas discusiones. ¿Qué no hemos aprendido? ¿Por qué repetimos propuestas y obras fallidas?
Desde mi punto de vista, la clave está en los valores que orientan nuestra visión de ciudad. Me centraré en dos.
El primero es el valor de lo público frente a lo privado. Las decisiones de infraestructura vial, una y otra vez, privilegian al automóvil particular y a quienes más tienen. Si en verdad quisiéramos beneficiar a la mayoría, deberíamos invertir en transporte público de calidad. Pero no: se sigue protegiendo al sector más privilegiado, en lugar de construir una política progresiva y equitativa.
El segundo valor tiene que ver con el modelo de movilidad que elegimos. Persistimos en pensar la ciudad desde el transporte privado individual, cuando lo que se requiere es apostar por sistemas colectivos, seguros y accesibles. El problema no es solo la infraestructura vial, sino la cantidad de automóviles que circulan. Y cada obra que “mejora” las avenidas, en realidad promueve que más coches salgan a la calle.
Si no cambiamos estos valores, dentro de 10 o 20 años estaremos exactamente en el mismo punto. Pero si somos capaces de modificar nuestras prioridades —es decir, nuestros valores—, podríamos construir una ciudad distinta, más justa y sustentable.
Este texto fue leído originalmente en el noticiario de NTR Radio transmitido el 18 de agosto de 2025 y conducido por el periodista Sergio René de Dios Corona.