Narcocorridos como forma de propaganda

Por Juan Larrosa, 7 de julio de 2025

El debate sobre los narcocorridos ha estado presente en medios de comunicación, columnas de opinión y espacios donde participan tomadores de decisiones. Ante esto, surgen muchas preguntas. A mí me parecen relevantes dos: ¿qué son los narcocorridos y debería el Estado regularlos o incluso prohibirlos? Aquí propongo pensar el tema desde el concepto de propaganda.

Desde mi perspectiva, una forma útil de abordar este fenómeno es pensarlos como una forma de propaganda. Lo planteo a propósito de la traducción al español de un artículo que escribí al respecto (The neoliberal Houdini who escaped from (poverty and) prison: Chapo’s narcocorridos, political communication and propaganda). Esta traducción se publicó en el libro La circulación de la información y la verdad: claves para su abordaje, publicado por CALAS y CLACSO. En ese texto analizo los narcocorridos dedicados al Chapo Guzmán como una estrategia de comunicación propagandística.

La propaganda es una práctica de comunicación (política) cuyo objetivo es generar efectos persuasivos en la opinión y en las acciones de las personas. Quien hace propaganda busca que la gente apruebe una ideología, un proyecto político o a una persona con intereses de poder. Hay muchas prácticas comunicativas de persuasión. Sin embargo, lo que distingue a la propaganda es que tiene un componente ético problemático: busca convencer, pero no siempre con base en la verdad. A veces recurre a verdades a medias, a distorsiones deliberadas o al ocultamiento intencional de información. En ese sentido, es un acto de manipulación.

Antropólogos e investigadores han documentado que muchos cárteles de droga, como si fueran empresas formales, tienen equipos de comunicación que monitorean medios, desarrollan estrategias y construyen narrativas para incidir en la opinión pública. Ante estos hallazgos, mi punto de partida para pensar los narcocorridos fue a partir de una pregunta específica: ¿cómo es que, Joaquín “El Chapo” Guzmán, llegó a tener un grado de reconocimiento público más alto que el de algunos presidentes y expresidentes, cuando su perfil público fue muy discreto? La respuesta a la que llegué es que, una de las estrategias que le granjearon este nivel de reconocimiento, son, precisamente, los narcocorridos que hablan de su vida. En el juicio de Guzmán, por ejemplo, se documentó que él pagó importantes sumas de dinero para que se escribieran y difundieran corridos sobre su figura.

Al analizar las letras de estas canciones encontré que esos narcocorridos no contenían ninguna crítica a las acciones de Guzmán. Se narraba su vida como si fuera una historia de policías y ladrones, sin mencionar nunca las drogas, las adicciones, los asesinatos, los desaparecidos o los desplazados por la violencia. El retrato era el de un “macho exitoso” en los negocios, rico y valiente, que defendía su pueblo.

Insisto: no todos los narcocorridos son propaganda ni todos son encargados por el crimen organizado. Pero una parte sí lo es, y eso debería formar parte del debate público. Porque en México no solo enfrentamos una guerra de armas, sino también una guerra en los ámbitos de la comunicación y la cultura.

Prohibir estas canciones es una mala estrategia: lo prohibido suele atraer más atención y, además, se corre el riesgo de censurar expresiones que no son propaganda. Al mismo tiempo, creo que es adecuado que los gobiernos no usen recursos públicos para promover o contratar a bandas que hacen apología del narcotráfico.

Este es un debate complejo que debe seguir abierto. Lo importante es entender que la comunicación y la cultura también son campos de y en disputa, y que son parte de las violencias y las guerras que vivimos cotidianamente en nuestro país.

Este texto fue leído originalmente en el noticiario de NTR Radio transmitido el 7 de julio de 2025 y conducido por el periodista Sergio René de Dios Corona.

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