Las mañaneras y Sheinbaum

Por Juan Larrosa, 13 de octubre de 2025

Cuando Sheinbaum asumió la presidencia, una de las preguntas que se hicieron muchos analistas fue si mantendría la práctica instaurada por López Obrador entre 2018 y 2024: ofrecer una conferencia diaria, de lunes a viernes, por la mañana. Un año después, la respuesta es clara: el modelo de comunicación del expresidente no solo continúa, sino que ha sido adaptado y consolidado.

Este modelo —híbrido, complejo y polémico— se sostiene en tres pilares. El primero son las conferencias matutinas, transmitidas en vivo desde Palacio Nacional y difundidas a través de múltiples plataformas digitales. El segundo pilar es la comunicación “por tierra”: las giras de fin de semana, los recorridos y los mítines con los que la presidenta busca mantener contacto directo con la población. En un documental reciente, Sheinbaum menciona que López Obrador le recomendó no dejar de viajar, porque esa es —según él— la forma de no perder el vínculo con la gente. El tercer elemento es la comunicación digital: el equipo presidencial produce y difunde de forma constante videos, clips y publicaciones que promueven la imagen, el trabajo y la ideología de la mandataria.

 

Ahora bien, lo que ha generado mayor debate son las conferencias matutinas. Aunque se les llama “conferencias de prensa”, su lógica difiere de la práctica periodística tradicional. En un gobierno, las conferencias suelen convocarse ante hechos excepcionales: una crisis, un desastre natural, un anuncio relevante. Las mañaneras, en cambio, son lo opuesto: un evento cotidiano.

Por ello, cumplen múltiples funciones. Son un espacio de difusión informativa del gobierno federal, pero también una plataforma de propaganda, en la medida en que permiten posicionar narrativas favorables al gobierno y contrarrestar discursos críticos, muchas veces con sesgos o con omisiones deliberadas.

Además, se han convertido en un escenario híbrido donde conviven periodistas de medios tradicionales, creadores de contenido e influencers afines o críticos, todos disputando el sentido de la palabra pública. En esta arena de comunicación política el gobierno federal ha atacado, en no pocas ocasiones violentamente, a medios de comunicación y periodistas críticos al régimen —lo cual, sin duda, es uno de los rasgos más negativos de esta práctica comunicacional.

Las mañaneras son también un ritual. Un acto que ocurre todos los días, a la misma hora, para proyectar la imagen de un gobierno en operación y de una presidenta que madruga, trabaja y controla la agenda pública. Son, al mismo tiempo, un mecanismo de coordinación interna, un instrumento de control político y una herramienta de dominación mediática.

Hasta ahora, Sheinbaum ha mantenido los rasgos generales de este modelo, aunque con un tono menos confrontativo hacia la prensa. Habrá que ver cómo evoluciona esta estrategia en los próximos años.

 

Aprovecho para hacer una breve autopromoción del libro Comunicación pública y política en tiempos del COVID-19: las conferencias de prensa en México, que publiqué junto con tres colegas. En él analizamos precisamente las conferencias de prensa de López Obrador y las del entonces vocero de salud, Hugo López-Gatell, y en donde desarrollamos, en extenso, algunas de las ideas colocadas en este artículo.

 

 

 

 

 

Este texto fue leído originalmente en el noticiario de NTR Radio transmitido el 14 de octubre de 2025 y conducido por el periodista Sergio René de Dios Corona.

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