Por Juan Larrosa, 29 de septiembre de 2025
La semana pasada se celebró en Nueva York la reunión de la Organización de las Naciones Unidas, y me parece que fue un encuentro importante por varias razones. La primera es que poco a poco se está construyendo un consenso global en torno a condenar abiertamente la ofensiva militar del gobierno de Israel contra el pueblo de Palestina. La situación en esa región es atroz y ya ha sido calificada por muchas voces como una intervención de carácter genocida. El sufrimiento del pueblo palestino ha sido inconmensurable: años de guerra, terror psicológico, condiciones inhumanas, falta de alimentos y riesgo de hambruna.
Esto, por supuesto, no elimina la posibilidad de criticar las prácticas terroristas de Hamás, que también han causado enorme daño al pueblo de Israel. Sin embargo, lo que hoy ejecuta el gobierno israelí sobre Palestina es inhumano y debe condenarse sin ambigüedades. Así ocurrió en la ONU el fin de semana, donde además varios países reconocieron abiertamente al Estado palestino. Un gesto simbólico fue la salida de delegados de distintos países de la sala cuando Benjamín Netanyahu pronunció su discurso: un repudio visible contra su gobierno y sus acciones.
El evento, sin embargo, también mostró la debilidad de la ONU. Una institución que tras la Segunda Guerra Mundial buscó ordenar la política internacional y bélica con distintos grados de éxito, hoy pierde poder de forma dramática. Lo vimos con Donald Trump: desafiante, hablando de cerrar fronteras y de transformar la política internacional en migración y comercio, extendiendo su discurso más allá del tiempo que le habían asignado. Esto refleja cómo la política exterior de Estados Unidos se impone sobre la dinámica multilateral de Naciones Unidas.
Esto nos lleva a la encrucijada del presente: vemos el repudio global hacia la intervención militar del gobierno israelí y, al mismo tiempo, la creciente pérdida de poder de la ONU. El problema es que la ofensiva continúa, sin que el gobierno de Israel reciba un costo político serio, mientras que el organismo internacional se muestra incapaz de frenar la violencia.
Y no es una buena noticia. Porque siempre será preferible un mundo de diálogo, multilateralismo y prácticas democráticas a un escenario donde unas pocas naciones poderosas tomen decisiones que afectan a las mayorías.
Este texto fue leído originalmente en el noticiario de NTR Radio transmitido el 15 de septiembre de 2025 y conducido por el periodista Sergio René de Dios Corona.