Por Juan S. Larrosa-Fuentes, 23 de junio de 2025
El sábado 21 de junio, Estados Unidos lanzó un ataque directo contra Irán. En la operación participaron bombarderos B‑2 Spirit, capaces de lanzar municiones de alta precisión. El objetivo fue —según informes oficiales— destruir instalaciones presuntamente vinculadas con el programa de armamento nuclear iraní.
Esta acción marca un hito en la geopolítica contemporánea. Desde la revolución iraní de 1979, Estados Unidos no había llevado a cabo una intervención militar directa en territorio iraní. Durante estos 45 años, había empleado herramientas como la diplomacia, las sanciones económicas, los ciberataques y el espionaje, pero no ataques aéreos de esta envergadura. Tras el ataque, la prensa estadounidense amaneció sorprendida, pues Trump tomó esta decisión de forma unilateral, sin consultar al Congreso ni coordinarse con aliados clave.
En términos informativos, estamos ante un tipo de conflicto distinto a los que hemos presenciado en otros momentos históricos. A diferencia de los conflictos del siglo XX, donde la información tardaba días o semanas en difundirse, ahora vemos en directo los ataques aéreos, las reacciones del presidente Trump, las declaraciones de Pete Hegseth —quien funge como secretario de Defensa— y los posicionamientos tanto del gobierno iraní como de la diplomacia internacional. Esta instantaneidad informativa conlleva un alto riesgo: la propaganda y la desinformación están a la orden del día, inundan las redes de comunicación y circulan a gran velocidad.
Para contextualizar los procesos de desinformación en tiempos bélicos, basta recordar la invasión de Irak en 2003. El gobierno de George W. Bush afirmó que Irak poseía armas de destrucción masiva; esa premisa, luego desmentida, sirvió para justificar una guerra con consecuencias devastadoras. Hoy, 22 años después, estamos ante un escenario similar: hay un ataque basado en la supuesta existencia de un programa nuclear iraní, y aún desconocemos el alcance real de los daños ocasionados por la ofensiva estadounidense.
Lo anterior no quiere decir que el programa nuclear iraní sea inexistente. Lo que busca este comentario es subrayar que, en el pasado, se han desatado conflictos bélicos a partir de premisas falsas y campañas sistemáticas de desinformación y propaganda. Ante ello, vale la pena, como ciudadanos globales, ser especialmente cautelosos con la información que consumimos. Lo ideal es acudir a medios profesionales, con datos verificados y contrastes serios. Por el contrario, conviene alejarse de rumores en internet y de influencers sin credenciales reconocidas.
Lo que está en juego no es solo un conflicto bélico, sino nuestra capacidad de comprenderlo y discutirlo con responsabilidad.
Este texto fue leído originalmente en el noticiario de NTR Radio transmitido el 23 de junio de 2025 y conducido por el periodista Sergio René de Dios Corona.